Una cita, de entrada libre hasta completar aforo, que tendrá lugar hoy miércoles, 26 de marzo, a las 18.30 horas, en el Museo de la Guitarra ‘Antonio de Torres’, con la colaboración del Ayuntamiento de Almería.
El acto contará con la presencia del propio autor, Alberto Fernández, y estará presentado por la presidenta de Amigos de la Alcazaba, María Teresa Pérez, y de Manuel Pérez Sola.
Nacieron en la cortijada del Barranco del Infierno de Albanchez. Antonio “Nono” González hoy es un empresario agrícola y Alberto Fernández un neurocientífico y profesor de Psiquiatría y Medicina Legal de Universidad Autónoma de Barcelona.
Pero ninguno de los dos olvida sus orígenes, la vida durísima del campo y los cortijos de la Sierra de Los Filabres, el clima duro y árido, trabajando todos y cada uno de los días del año desde “primera luz a última luz”, sin agua corriente, ni luz eléctrica, ni calefacción, ni casi carreteras… Todo ello por unos cuantos olivos o almendros sufrientes, en las laderas empinadas de los cerros, sostenidas por ribazos. Pero no quieren olvidar y desean dar testimonio y homenaje a aquellas personas que cuidaron del campo para poder vivir, y que gracias a ellas el campo subsistió.
Juntos han hecho este libro para dar visibilidad, y aportar memoria a ese tipo de vida rural “familiar”, dura, muy dura, en el campo y los cortijos de la Sierra de Los Filabres y de las comarcas limítrofes.
El ánimo de los autores al escribir este libro ha sido el de dar visibilidad, y aportar memoria, sobre el hecho de que hasta hace pocas décadas existía un tipo de vida rural “familiar”, dura, muy dura, en el campo y los cortijos de la Sierra de Los Filabres y de las comarcas limítrofes. De hecho, lo que se describe de las gentes y de ese estilo de vida rural, centrado principalmente en los años que van desde los 1960 hasta los 1980, es extensible a todas las zonas rurales de la provincia de Almería.
Según expresan los autores, “sería deseable que, cuando las gentes de hoy vean los bancales en terrazas, o las cañadas con unos cuantos olivos o almendros sufrientes, en las laderas empinadas de los cerros, sostenidas por ribazos, algunos íntegros y otros medio caídos o totalmente destruidos, recuerden que ese era el medio de vida de esas familias olvidadas por la historia”.