Las nasas, redes utilizadas para la pesca pasiva con forma de embudo invertido, se encontraban lastradas a 11 metros de profundidad e incumplían diferentes preceptos legales, como disponer de balizamiento con una boya reflectante o contar con una placa que identifique la embarcación a la que pertenece.
La existencia de este tipo de redes sumergidas suponen un auténtico riesgo tanto para la navegación, como para las especies animales y vegetales que habitan en el fondo del mar, muchas de ellas bajo medidas de protección, que pueden quedar atrapadas en la misma.
Esta actuación se enmarca dentro del proyecto LIFE + Posidonia Andalucía, que puso en marcha la Unión Europea y que coordinan la Consejería de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente y la Agencia Andaluza de Medio Ambiente y Agua para conservar las praderas de Posidonia oceánica que existen en el Mediterráneo andaluz y, muy especialmente, en el Poniente almeriense, y proteger así los fondos marinos.
Las trampas fueron descubiertas durante una inspección por buzos de la Guardia Civil, que consiguieron retirarlas en sucesivas y arriesgadas inmersiones. En su interior encontraron cebos y numerosas caracolas y erizos, pero no las capturas para las que habían sido fondeadas. La pronta intervención de la Guardia Civil evitó una probable captura masiva de pulpos y otras especies.
La investigación continúa abierta para localizar a los autores de los hechos, que se enfrentan a un delito medioambiental y elevadas sanciones administrativas.
Legalidad
El uso furtivo de nasas en el litoral marítimo puede conllevar sanciones administrativas de hasta 60.000 euros, en virtud del Título V de la Ley 3/2001, de 26 de marzo, de Pesca Marítima del Estado.