08Diciembre2022

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17 Junio 2022 Escrito por 

Cuevas inaugura la renovada exposición 'Tiempos de plata y plomo'

Este sábado, 18 de junio, a las 20:30 horas, se inaugura en el patio de armas del Castillo del Marqués de los Vélez, en Cuevas del Almanzora, la exposición 'Tiempos de plata y plomo. Economía y sociedad en la Cuevas del siglo XIX'. 

La muestra, que podrá verse en la sala de exposiciones de La Tercia dentro de la misma fortaleza entre ese día y el 9 de octubre de 2022, supone la reedición, con algunos cambios y renovaciones, de la que se organizó en Cuevas del Almanzora en 2015 e itineró hasta Almería en 2016.

La celebración, entre el 13 y el 15 de julio, de un curso de verano de la Universidad de Almería en la sede de Cuevas del Almanzora con el título de Patrimonio minero. Memoria y recurso para el desarrollo local y el Congreso Internacional sobre Patrimonio Geológico y Minero, que se desarrollará entre el 29 de septiembre y el 2 de octubre en esta misma localidad, han llevado al Área de Cultura y Turismo a retomar aquel exitoso proyecto y convertirlo en un complemento oportuno de ambas citas, además de una atractiva oferta cultural para este verano.

El año 1839 contempló el descubrimiento prodigioso filón de galena argentífera del Jaroso, uno de esos barrancos aislados y solitarios de Sierra Almagrera que, de repente, se llenó de humanidad y su nombre fue pronunciado en gran parte del orbe. La inmediata creación de la sociedad Carmen y Consortes para la explotación de aquella riqueza inauguró una nueva etapa económica que trascendió los límites de Cuevas y tuvo dilatadas repercusiones.

Aquel hallazgo desató una fiebre minera sin parangón, unas ansias incontroladas por hacerse con una porción de aquella potencial riqueza, de ahí que toda la geografía serrana fuese conquistada por una legión de exploradores, de topos humanos, que abrieron más de 1.700 pozos con muy desigual suerte. En los primeros años sólo unas pocas sociedades ―Observación, Esperanza, Rescatada, Estrella, etc.― que siguieron la afortunada estela de Carmen y Consortes, y se situaron sobre el mismo filón que ésta había comenzado a explotar con éxito, obtuvieron ingentes beneficios que convirtieron a sus interesados en opulentos capitalistas. Luego, la lotería minera favoreció a otros que habían demarcado minas en barrancos colindantes de la misma sierra como Hospital de Tierra, Francés, Chaparral, Chico de la Torre, etc., transformando aquella geografía en un emporio del que se extrajeron descomunales cantidades de plata y plomo.

Algunas prohibiciones gubernamentales de exportar el mineral en bruto y la necesidad de rentabilizar al máximo las producciones propiciaron el surgimiento de una industria metalúrgica encargada de transformar aquellas galenas en lingotes y «galápagos» de plata y plomo antes de su embarque hacia Marsella. Desde que en 1839 se instalase la primera fábrica de fundición titulada Contra Viento y Marea, su expansión no cesó: los establecimientos metalúrgicos circundaron Almagrera, desde Los Lobos y Las Herrerías, en su vertiente de tierra, hasta Palomares y Villaricos, en su franja costera. Míticos nombres como Carmelita, Araucana, Atrevida, Madrileña, Purísima Concepción o San Francisco Javier evocan una época de frenética actividad industrial.

Y mientras tanto, en 1869, otro hallazgo excepcional vendrá a revitalizar unas explotaciones que acusaban una crisis coyuntural afianzada desde que en las profundidades de las minas de Almagrera el agua las inundase, que obstaculizó la extracción y obligó a los partícipes de las sociedades explotadoras a dedicar a las labores de desagüe una buena parte de unos beneficios que ya no eran tan abundantes como antaño. Así fue, en el mencionado año la demarcación de la mina Unión de Tres, sita en la próxima Herrerías, sorprendió por contener en sus entrañas un nuevo y pródigo elemento de riqueza: esta vez no era galena argentífera, sino plata nativa, es decir, un mineral que contenía una mayor proporción del metal precioso. A partir de este hallazgo se vivió una segunda edad de esplendor y auge económicos.

Como consecuencia de estos procesos surgió una nueva sociedad. Aquella Cuevas de vocación agrícola diversificará unas bases productivas y económicas inalteradas a lo largo de siglos y, como consecuencia, se generará una sociedad inédita, más rica, pero también más desigual. Surgirá ese contingente obrero de nuevo cuño que padecerá jornadas inacabables a cambio de jornales miserables, que soportará el abuso, el deterioro físico y moral, el riesgo acechante y la enfermedad intratable, que sacrificará a sus niños y jóvenes en las crueles gavias, que enfrentará una vida injusta y una muerte casi siempre prematura.

Arriba, los privilegiados, los ganadores de aquella ruleta de la fortuna que fue la explotación minera de Almagrera y Herrerías, aquellos accionistas de minas que obtuvieron, a cambio de una corta y arriesgada inversión inicial, un aluvión de riqueza, millones de reales con los que encauzaron una vida de opulencia. Se entregaron a la mejora de su morada y, para ello, levantaron soberbias casonas que ornaron con lujo y ostentación. Y pretendieron que estos palacetes lucieran en un entorno urbano que les otorgase esplendor, por lo que afrontaron reformas como la alineación de calles, el ensanche de plazas, la apertura de paseos para el esparcimiento y el flirteo social.

Pronto adquirieron conciencia de clase y no quisieron desperdiciar el poder que les concedía la asociación para velar por sus intereses, de ahí que se implicaran desde muy pronto en la revalorización de sus haciendas mediante la dotación de riegos. Tampoco dudarán en afrontar proyectos que mejoren sus condiciones de vida y que el Ayuntamiento, por su incapacidad económica, no podía asumir, como la dotación de aguas potables, la creación de centros educativos o la promoción de establecimientos de ocio y cultura como casinos, círculos y teatros. Incluso llegaron a promover en 1880 un Proyecto de Ensanche y Mejora de la Ciudad de Cuevas, el primero en su género en la provincia de Almería. De esta efervescencia económica y social, como suele ocurrir, surgió una élite ilustrada que cultivó las letras y las artes, auspiciando la publicación de un abultado número de periódicos, entre los que brilló El Minero de Almagrera.