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08 Agosto 2024 Escrito por 

Los Museos de Terque reabren con la exposición 'Historias de la televisión'

Los Museos de Terque volverán a abrir sus puertas el sábado 10 de agosto a las 12:00. El apoyo de la sociedad civil, el incremento del número de socios, el mecenazgo de empresas y particulares, la ayuda del Ayuntamiento de Terque y el compromiso de ayuda de la Diputación Provincial lo harán posible.

La reapertura será a lo grande, con una nueva exposición temporal de producción propia, 'Historias de la televisión', en el espacio de la Cueva de San José. El objetivo de esta exposición de producción propia es volver la vista atrás, a la historia de ese genial invento, la televisión, y su andadura en España desde su primera emisión en 1956.

Se mostrarán 20 televisores de diferentes décadas, estabilizadores de corriente, mesas de televisión y todo tipo de materiales, publicaciones, objetos y documentos que nos harán recordar los programas que fueron más populares, junto al anecdotario y recuerdos de una sociedad que acogió a la televisión como su entretenimiento preferido.

Los orígenes de la televisión en España

En 1947, Lolita Garrido anunciaba a los españoles con su canción 'La televisión' la llegada de este colosal invento. La primera demostración de televisión en España se realizó en 1948, en la Feria Internacional de Muestras de Barcelona. Las emisiones con una programación diaria llegarían de la mano de Televisión Española el domingo 29 de octubre de 1956.

La radio, que había dominado desde los años 20, tuvo un duro competidor con la llegada de la televisión. El nuevo invento suponía un gran revulsivo social, se abría una gran ventana al mundo que revolucionaría costumbres y formas de vida. En el comedor de muchos hogares, en los bares, la familia, los vecinos pusieron al nuevo aparato en el lugar preferente que hasta entonces había ocupado la radio. En enero de 1958, ya había 15.000 receptores en España; en 1960, 175.000. Comienza a florecer un nuevo paisaje urbano, los tejados y terrazas de todos los pueblos y ciudades se llenan de antenas de televisión.

Una nueva forma de comunicación, comunitaria y popular, se mete en todas las casas para formar parte de su intimidad y cotidianidad. Los primeros telespectadores se reúnen en las casas de los vecinos más afortunados, en lugares públicos como bares, teleclubs e, incluso, ante los escaparates de algunas tiendas. Allí, una corrida de toros, un partido de futbol y hasta un anuncio se convierten en todo un acontecimiento social. En 1960, la boda de Balduino y Fabiola en Bruselas, o el triunfo de Massiel en Eurovisión en 1968, pusieron a los españoles ante el televisor.

Hasta 1963, toda la producción se realizaba en directo -a excepción de los espacios filmados- desde los estudios del Paseo de La Habana de Madrid. En 1964, se trasladan los estudios a Prado del Rey. En 1966, comienza e emitir un segundo canal de TVE 2, conocida como la UHF. En el año 1973, TVE comienza a emitir algunos programas en color, desapareciendo el blanco y negro en 1977.

La primera televisión de Terque

La primera televisión que llegó a Terque, fue una Philips, al Bar de Luis García y Clotilde Amate. La compraron, sobre 1961, a Pepe Amate, de Bentarique. Su hijo Luis lo recuerda: “Fue una gran novedad en el pueblo, allí acudía todo el mundo, los niños formaban sentados en el suelo largas filas. A los mayores les gustaba todo, los anuncios, los dibujos animados, pero especialmente los toros y el futbol”.

También recuerda una anécdota con Jacinto Segura, que acababa de comprar un televisor. “Entró Jacinto en el bar y acababa de empezar una corrida de toros, me dijo "cómo es que en mi casa no salen los toros" y yo le dije "te han engañado con la tele, ve y habla con el que te la vendió", y así lo hizo”.

En la TV del Café de Juan Valverde, los sábados se ponían sillas como si fuera un cine y la gente iba a ver la película de Sesión de Tarde.

En Terque, las primeras televisiones las vendieron algunos vecinos, como representantes: Luis Pascual, Paco Cadenas o Pepe el Estanquero. Marcas como Philips, Iberia, Westinghouse, Telefunken, Askar, Inter o Marconi lucharon aquellos primeros años por acaparar el mercado nacional.

En febrero de 1961, el Boletín de la casa Philips daba unas estrategias publicitarias para los vendedores de TV: “El negocio de la televisión será para el que desde los comienzos lo persiga. Preocúpese de invitar a sus clientes asiduos a conocer la televisión. Ellos lo agradecerán y verán que usted siempre ofrece las últimas novedades del mercado. Busque también aquellas personas que usted crea que pueden ser buenos clientes de televisión. Entre ellas están: los propietarios de establecimientos, los que siempre quieren ser los primeros en comprar las novedades, los que tienen una posición social destacada, los que más se beneficiarán del milagro de la televisión: inválidos, ancianos, los que viven fuera de la ciudad. Recuerde que estos compradores son una magnífica publicidad “de boca en boca”. En los países donde la televisión ya tiene arraigo, se ha demostrado que la mayoría de los receptores vendidos lo han sido a marido y mujer. No trate de vender por medio de un catálogo. El público comprador de receptores de TV quiere ver funcionar el aparato antes de comprarlo. Al comenzar las emisiones dirija unas breves palabras a los invitados, explicándoles que lo que van a presenciar es un prodigio de nuestros tiempos”.

En 1964, impulsados por el Ministerio de Información y Turismo nacieron los populares Teleclubs. Centros de animación y promoción cultural, que se fueron dotando de televisión y otras prestaciones como biblioteca o tocadiscos. En Terque el Teleclub se instaló en las escuelas, aunque nunca le llegó la televisión, sólo un modesto picú con el que se amenizaron algunos guateques.

La programación

La programación en los años 60 constaba de un programa de sobremesa de dos a cinco de la tarde y el de tarde-noche, de siete a doce. Se iniciaba con la conocida 'Carta de Ajuste' y terminaba con las notas del Himno Nacional y el inagotable Caudillo. La publicidad comienza a hacerse presente desde principios de los sesenta. Retrasmisiones deportivas, corridas de toros, anuncios o los primeros telefilmes norteamericanos como 'Perry Mason', 'Los intocables', 'Los invasores', 'El Fugitivo', 'Ironside', 'El Virginiano' o 'Bonanza' hacen furor. Programas de entretenimiento como 'Salto a la fama', 'Reina por un día', 'La hora Philips' o espacios culturales o de entretenimiento como 'Cesta y Puntos', 'La Casa de los Martínez', 'Un millón para el mejor', 'Estudio 1', 'Conozca Vd. España' o 'Fauna' se hacen populares.

La novedosa televisión se hizo presente en múltiples aspectos sociales como la fotografía. Las familias se retrataban orgullosas delante de su recién estrenado televisor. Los fotógrafos también lo emplearon como atrezzo o incluso para fotomontajes utilizando el nuevo invento.

El mueble de la tele

Al nuevo invitado en las salas de estar y comedores de los españoles, se le empezó a dar el lugar preferente que merecía. Las fábricas de muebles fueron diseñando mesas exprofeso para los televisores y dejando un espacio para ellos en los muebles estanterías y muebles bares, que amueblaban las casas de las décadas de 1960 y 70.

Muy populares fueron las ligeras mesas de televisión con ruedas, para poder llevarlas de un lado a otro de la casa. Solían llevar dos tableros, uno superior para la televisión y el inferior y más pequeño para el estabilizador. Estaban realizadas en formica con patas y soporte metálicos. También incorporaban algunas un repisa inclinada para revistas y periódicos. “En la casa ha entrado un mundo nuevo de ilusiones y fantasías. La televisión da alegría a los pequeños y luego cuando estos ya duermen acerca en la paz hogareña a los mayores, en el cálido ambiente de la intimidad. Por eso la dueña de la casa traslada con ese cuidado el aparato cuya acción se facilita por la mesa de ruedas”.

Las antenas

“Al cruzar el mapa de España por carretera, uno advierte en los poblados y en las villas una nueva arboladura metálica en la altura de las casas. Son extravagantes y variadas figuras, lineales y geométricas, con un breve destello de sol, como arbitrarios para rayos de formas paralelas y entrecruzadas. Como el rayo se mete en las casas, así se mete hoy la imagen en los interiores domésticos. En la ciudad, los grandes edificios ostentan múltiples antenas, pero no todos los aparatos de televisión se manifiestan a la intemperie por medio de su anzuelo metálico. La mayoría no precisan o prescinden del lujo de la antena visible. La imagen es atraída por antenas de menor alcance, sobre el mismo aparato” , se publica en la revista 'Triunfo' de octubre de 1963, en el séptimoa aniversario de Televisión Española.

El poste repetidor

“A la profundidad del valle del Andarax no llegaba la señal de la televisión en los primeros años. Eso era frecuente tema de conversación y, los vecinos, que todos tenían parientes en Terrassa o en la capital provincial ansiaban que las autoridades se sirvieran instalar el repetidor de señal, el famoso 'Poste' que se instaló por fin sobre esas fechas. Por supuesto sólo nos llegó la primera cadena. Para ilustrar lo anterior paso a referir una anécdota familiar. Mis tíos Pepe Porras Pérez y su esposa Rosa González Romero, vivían en Hinojares, Jaén, donde él ejercía de maestro y se veía la tv. Cuando volvieron a Terque trajeron su receptor de tv. que instalaron en la que hoy es su casa en la calle Real. Tras arduos trabajos colocando una antena altísima en el terrado la señal no llegó y estuvo el televisor parado hasta que ya viviendo en Alhabia se inauguró el dichoso repetidor. Cuando por fin llegó, los niños nos entreteníamos en contar las antenas desde la carretera y sabíamos a qué familia pertenecía cada una. Un tema de discusión era en qué casa se veía mejor, pues la señal que venía de Alboloduy creo recordar, producía al topar con el cerro de la Cruz, una sombra que afectaba al Solar y la calle Porras, mientras que desde la plaza a Cantarranas se veía muy bien", receurda Guillermo Porras Pastor, de Terque.

El lujo de tener una televisión

El Impuesto de Lujo era un tributo de carácter indirecto sobre el consumo, que gravaba las manifestaciones consideradas suntuarias. La Ley de 1957, consideraba lujo "la adquisición o disfrute de bienes superfluos o que representen mero adorno, ostentación o regalo, así como aquellos servicios que tengan el mismo carácter o supongan una comodidad manifiestamente superior a la normal". Desde ese año, dentro del impuesto de Radioaudición, se creó un epígrafe especial para los recién llegados aparatos de televisión, estableciéndose que se debía pagar una cuota anual de 300 pesetas por cada aparato cuya pantalla no excediera de 43 centímetros en diagonal, equivalente a 17 pulgadas, y de 500 pesetas para las superiores a esa dimensión. Por la tenencia de un aparato de radio se debía abonar 60 pesetas.

Este canon se utilizaría para sufragar la nueva TVE, y su pago sería habitual para los contribuyentes hasta 1965, cuando se derogarán los impuestos de radio y televisión al proclamar de interés general el servicio público de TVE y de RNE. “La televisión constituye uno de los instrumentos más eficaces para la difusión de la cultura entre masas de población cada vez más numerosas, por lo que parece oportuno no debe exigirse tributo o exención alguna por su disfrute”.

La tele en color

En 1973, TVE comienza a compaginar sus emisiones en blanco y negro con el color. En 1978 se produce el cambio definitivo al color. Ana Mari Valverde recuerda que la primera TV en color que llegó a Terque en la década de 1970, fue la de Manolo Márquez y Anita. “Por allí desfilamos todos los niños del pueblo para ver la TV, que Anita con toda la paciencia del mundo nos enseñaba”.

“Mi primera tele en color la compre a plazos en 1975. Fue unos días después de la muerte de Franco. En aquel momento, yo andaba un poco triste, pues me había quedado sola en casa. Para mí fue todo un aliciente, creo que hasta me cambió el carácter. Uno de los programas que me encantaba era 'Heidi', nos gustaba a todos. a chicos y a grandes”, explica Inmaculada Pérez Pastor, de Almería.

Los dos rombos

“Solo cuatro letras para rogarle en nombre de muchos padres de familia, y en el mío propio, que nos preocupamos por las cuestiones morales, si habría alguna fórmula para saber de antemano, en los programas que su semanario publica, la calificación moral de los espacios televisuales. Sería interesante saber de antemano, para convencer con razones lógicas a nuestros hijos, si les está vedado este o aquel programa, sin esperar a que salgan en la pantalla del televisor los consabidos rombos en el oportuno momento de empezar el programa. Se desilusiona la gente menuda, que se ha hecho ilusiones más o menos sobre aquellos programas que luego no pueden ver. Es mucho más lógico que con anterioridad estén convencidos de que no son aptos para ellos”, publica la revista 'Tele Radio' en abril de 1969.

El código de regulación de los contenidos por rombos fue el sistema que utilizó TVE desde 1963 hasta 1984. Se llamaba así por estas las figuras que se utilizaban para señalar la calificación dada por el censor. Un rombo indicaba que era autorizada para mayores de 14 años y dos rombos, solo para los mayores de 18. Aparecían en la parte superior derecha de la pantalla al comienzo del programa.

“En mi casa la aparición de los dos rombos hacía saltar de manera fulminante a mi madre, con el consiguiente apagón de la tele. En el caso de que en alguna película se colara un beso apasionado, estaba la segunda barrera, la de mi abuela, que con su mandil o poniéndose delante, ocultaba la escena, hasta que pasaran las pasiones amorosas”, rememora Alejandro Buendía, de Socuéllamos.

El hombre del tiempo

Uno de los personajes que marcará aquellos inicios de la TVE, sería el conocido como Hombre del Tiempo, su información meteorológica incluida dentro de los Telediarios será seguida por un país donde el sector agrícola y ganadero tenía un enorme peso. Mariano Medina, de 1956 a 1985 fue el más destacado de esos hombres, al principio solo enseñando su brazo, que tiza en mano, señalaba sobre el mapa de isobaras y más tarde con su entrañable presencia.

“Un dialogo que a diario se escucha entre los agricultores de este pueblo de Camarenilla: ¿Dónde vas Basilio? Voy a avisar a Román que me haga la sementera con su máquina tractor, si puede ser en dos o tres días, porque ha dicho El Hombre del Tiempo que viene una borrasca muy grande, y quiero tener todo sembrado...” “Vuélvete o quédate cerca del pueblo con las ovejas, que ha dicho el Hombre del Tiempo que seguramente a primera hora de la tarde, va a haber tormentas en el centro…”, se contaba en las Castas al Director de 'Tele Radio' en 1962.

La Familia Telerín

Desde 1964, los niños españoles sabían que había terminado la programación infantil de la tarde y que era hora de ir pensando en acostarse cuando aparecía en pantalla la Familia Telerín. En verano a las 21 h. y en invierno a las 20.30 h. Un pequeño corto de animación de 50 segundos, donde unos hermanos con el pijama puesto desfilaban camino de la cama con el siguiente mensaje y canción: “Un recado de parte de la tele, ya va siendo hora que los peques nos vayamos a la cama. ¡Ale! ... Vamos a la cama que hay que descansar para que mañana podamos madrugar”.

Estos personajes fueron creados por los estudios de animación de los hermanos Santiago y José Luis Moro. La Familia estaba compuesta por Cleo, Teté, Maripí, Pelusín, Coletas y Cuquín. Representaban una de esas familias numerosas que en aquellos tiempos eran tan frecuentes.

El luto

Las numerosas y rígidas normas sociales que imponía el periodo de luto, tras la muerte de un ser querido, marcaban un tiempo de tristeza y austeridad para los familiares. Estas normas eran seguidas por todas las clases sociales. Nadie quería caer en falta y menos exponerse a la censura social. Era impensable poner la radio o la televisión, que en muchas casas se cubría, enlutada, como si fuera un miembro más. Tampoco podían ir a ningún tipo de paseos, bodas, espectáculos o fiestas.

“Mi padre murió en 1968, la casa se llenó de tristeza, en aquellos tiempos los lutos eran muy rigurosos y se exteriorizaban mucho. Los tres hermanos no solo sentimos la muerte de mi padre si no también la pérdida de entretenimientos como ver la televisión, escuchar la radio o las salidas con las amigas. Cualquier cosa relajante estaba mal vista. La tele se apagó agrandando la desolación de la casa”, recuerda Inmaculada Pérez Pastor, de Almería.

Relato de Alejandro Buendía

“Las mujeres de negro absorbían todo el calor de aquel verano en Turre y la atención del sueco que paraba en la fonda de mis padres. Asomado al balcón, casi en cueros, las retrataba como seres salidos del oscuro inframundo.

En aquellos días, en nuestra casa, llevábamos con resignación el luto de mi abuela. La televisión había quedado muda, y como una mujer más de la casa, lucía velo a la cabeza. Para evitar tentaciones, mi madre la cubrió con un espeso tapete de seda, y sobre ella desafiante y vigilante, el toro de plástico que nos trajeron de la Feria de Almería. Cinco años de condena, cinco años de oscuridad nos esperaban, sin 'Bonanza'… sin toros ni futbol. El sueco no entendía tanto negro en el alma y tanta rigurosa tristeza. Un demonio rubio, sin sentimientos ni principios. “¡Vaya gente estos extranjeros!”.

Al venir de la misa del año, mi padre, no pudo resistirse más, y se atrevió a encenderla: “Voy a ver qué tiempo dan”. La puso muy bajo. “¡Por Dios que no la oiga nadie!”. Mariano Medina, con su barilla, se debatía entre isobaras y precipitaciones, sin saber que la tormenta se avecinaba por Sierra Cabrera. Los hermanos de mi madre, enterados, dejaron de hablarnos por una buena temporada. El tiempo, que todo lo cura, hizo que al final escampara".

Texto literario inspirado en hechos reales, por Alejandro Buendía Muñoz.

La Nueva Ola

“Anoche cuando esperábamos mis familiares y yo disfrutar del grato espectáculo de Los Amigos del Lunes desde Barcelona, me vi sorprendido por la desagradable actuación de un grupo de jóvenes que sin el menor respeto al millón de espectadores que desde toda España lo presenciábamos, se desataron en contorsiones absurdas, impropias y ofensivas al buen gusto y a la moral. Yo quiero creer que esos actuantes sorprendieron la buena fe de la dirección de programa de Barcelona. De lo contrario, no comprendo como se toleró".

“…artistas de uno y otro sexo de la nueva ola, que en vez de cantar, gritan… con ayuda del micrófono, pues ni voz tienen. Sus canciones son jeringonzas que no se entienden y más vale no entenderlas. El Rey del Twist, enclenque con su acompañamiento empezó su cantata con los gritos ininteligibles acostumbrados… al final se quito la chaqueta y, volteándola como si se tratara de una honda, la tiró y continuó sus movimientos hasta con los hombros como una voluptuosa bailarina de rumba. Por último el Rey hecho una piltrafa, desgreñado, agotado paró. El espectáculo lamentable, no podía tener menos arte, belleza ni finura”, se cuenta en las Cartas al Director de 'Tele Radio', en diciembre de 1962.

El estabilizador

Junto a la televisión no podía faltar el estabilizador de corriente. Estos aparatos de forma automática, protegían al televisor cuando la tensión era, alta, baja o fluctuaba, cosa frecuente, mejorando el rendimiento y prolongaban la vida de válvulas y pantalla. Cuando la tensión fluctuaba, la imagen se distorsionaba y temblaba, cuando era alta, la imagen se ennegrecía y si era baja, la imagen desaparecía totalmente.

El hombre pisó la Luna

“En aquellos años había pocas televisiones en las casas y la gente iba a los bares a verla. Mi padre tenía una en el Bar Bello, en la plaza, frente al Ayuntamiento. El bar solía estar siempre lleno de gente, era el lugar de encuentro para muchos. El 16 de julio de 1969 ocurrió algo extraordinario, el hombre piso la luna por primera vez y este hecho hizo que el bar estuviera abarrotado de gente, todos con cara de asombro mirando la televisión. Yo tenía 9 años”, rememora José María Bello, de Socuéllamos.

Bonanza

De 1962 a 1970, los españoles tuvimos un rancho, La Ponderosa, en las tierras del lejano Oeste Americano. Las aventuras de aquel padre viudo y sus tres hijos, comenzaba con una animada sintonía y un mapa de sus tierras que ardía, y por él, llegaban a golpe los Cartwright. “En 1966, mi abuela María me llevó a la Feria de Almería, y fuimos a visitar a su amiga Ana, ésta tenía nietos de mi edad, éstos, en su afán de agradarme, le propusieron a su abuela que les dejara subir a casa de su vecina para ver la televisión, para que yo también la conociera. Yo al verla me quedé impresionada, ¡aquella caja tan pequeña con una pantalla como las del cine, donde también se podían ver las películas!, aquello fue para mí asombroso, la serie del oeste Bonanza me encantó. Cuando volvimos de la feria y le contamos a mi abuelo con tanto entusiasmo lo que nos había gustado, que aquel año, en cuanto cobró la naranja, compró una televisión. Fue la primera de aquel barrio”, recuerda Carmen Salas, de Rioja.

La televisión sirvió para mantener embobados a los niños, para tenerlos en casa un rato entretenidos. El permitir verla o no también fue un arma a disposición de los padres, para impartir premios y castigos.

En 1963, el cuaderno de escuela de Juan José Yebra Quesada, del Colegio de la Sagrada Familia de Almería, recogía la siguiente redacción sobre la televisión. “La televisión es una de las cosas más distraídas del mundo. En la televisión se ven cosas muy bonitas como los toros, como las películas de Bronco Ley, y el conejito de la suerte. La televisión se trasmite por un cable y una antena. Mucha gente no puede tener televisión porque vale mucho dinero, la televisión es muy bonita para entretenerse mucho.” En una carta de Mari Nieves Navarro Pérez desde Gandía a su madre Paquita Pérez, en Almería: “Gandía 1 junio 1962. En Valencia lo pasamos muy bien. Han comprado una televisión Ideal, como está en el comedor puesta, cuando nos sentábamos en la mesa era la juerga, púes la ponían y al torcer la cabeza para verla nos metíamos la comida por todos sitios menos por la boca”.

En aquellos primeros años de la televisión la gente se reunía en las pocas casas o bares donde había televisores. Niños y adultos compartían aquel maravilloso invento. Cada persona recuerda la televisión donde vio sus primeros programas. “La tele de la casa de mi abuelo, fue la primera de aquel barrio. Los niños de mi edad íbamos a su casa a que nos pusiera las series, las películas y los dibujos animados. Nos sentábamos alrededor de la tele, y si no había sillas para todos, lo hacíamos en el suelo, ¡no se escuchaba ni una mosca, todos embobados con lo que salía!, si la cosa era de miedo y se nos hacía de noche volvíamos a casa un poco asustados. Viendo el éxito que tenía la televisión, pues no se hablaba de otra cosa, Julita que tenia una tienda y un bar, compró una, la títa María Emilio que tenía otro bar no quiso que la gente se le fuera y compró otra, así que los niños nos juntábamos para ver la tele y ya teníamos tres lugares donde ir. La tele sirvió para que los vecinos, padres y niños compartieran un tiempo de diversión y espectáculos que de otra forma nunca se hubiera dado. Todos a una, nos juntábamos y si no se cabía se sacaba la televisión a la puerta” , dice Carmen Salas, de Rioja.

“Recuerdo que una tarde desde el balcón en la casa de mis tías en Huércal Overa, vimos bajar de la Alsina a dos muchachos con una gran caja. Uno era el hijo de Doña Petra, la dueña del estanco. Allí venía una televisión. Fue una de las primeras que llegó al pueblo. La tele provocó que la tertulia de amigas y vecinas se trasladara allí. En invierno la televisión se ponía dentro de la habitación del estanco y en verano, en la puerta mirando a la calle donde nos sentábamos todos. Recuerdo como Isabelita, una muchacha que vivía y trabajaba con ellos, protestaba cada noche, -¡yo no estoy para estar quitando y poniendo sillas todas las noches!-. Más tarde llegó la televisión que a mis tías les regalaron, y parte de la tertulia se trasladó allí. Mi tía María Luisa tenía su sitio preferente en el centro frente al televisor, su sitio no se lo quitaba nadie, colocándose las demás a la derecha y a izquierda, ensanchándose el corro según las que había", cuenta Inmaculada Pérez Pastor, de Huércal-Overa.